domingo, 8 de diciembre de 2013

MAO un Revolucionario

MAO TSE TUNG el REVOLUCIONARIO
BIOGRAFIA - Poeta, erudito, político revolucionario, estratega militar, fundador del Partido Comunista Chino, presidente de la República Popular China y promotor de la Revolución Cultural, este hombre longevo y saludable, tres veces esposo y progenitor de una nutrida prole, Mao Tse-tung, fue uno de los líderes más carismáticos e influyentes del siglo XX, no sólo en su país sino también en los partidos radicales en todo el mundo. Nació en el seno de una familia relativamente pudiente, hijo de un propietario rural, en 1893, cuando China era un vasto territorio administrado por un opresivo régimen feudal y con una fuerte dependencia imperialista en la política exterior. Antifeudalismo y antiimperialismo fueron las primeras consignas de las que partió para transformar su país en una potencia moderna inspirada en los principios del socialismo; más tarde iría elaborando un pensamiento notablemente más sofisticado, siempre paralelo a una práctica revolucionaria que hubo que soslayar toda suerte de circunstancias adversas y afrontar asombrosos desafíos y siempre también conciliando las más antiguas raíces culturales chinas, el confucianismo, con las nuevas ideologías que traían los “vientos del Oeste”.


LA FORJA DE UN REBELDE La revolución china de 1911 no había transformado el país tanto como se esperaba, pero tuvo la virtud de abolir el imperio y así mismo de introducir ideas occidentales en la enseñanza tradicional. De este nuevo eclecticismo se benefició Mao durante sus estudios en la escuela normal de magisterio en la ciudad de Changsha, donde se graduó en 1918. Más tarde se trasladó a la capital, Pekín, para ejercer de bibliotecario auxiliar en la universidad, y allí entró en contacto con activistas políticos tales como Li Ta-chao y Sen Tu-hsiu. Juntos crearon un grupo germinal para el estudio del marxismo que los llevaría a participar algunos años después en la primera conferencia del Partido Comunista Chino, que tuvo lugar en junio de 1921 en Shanghai y en la que Mao actúa ya en la calidad de delegado. En 1923, durante el tercer congreso, sería nombrado miembro del comité central. El año anterior, el Partido Comunista había entrado a formar parte del Kuomintang de Sun Yat-sen – quien, en calidad de presidente provisional, había proclamado en enero de 1912 en Nankín el gobierno provisional de la República China – con objeto de formar un amplio Frente Unido Democrático que se convirtió, en 1923, en Frente Unido Revolucionario. Esta frágil alianza quedó rota cuando Chang Kai-shek, representando a los terratenientes y a la burguesía dependiente de las potencias extranjeras, aplastó a los obreros y estudiantes en Shanghai y encabezó un gobierno nacional en Nankín que se auto proclamó anticomunista. En 1930, el Kuomintang, partido de los aliados de ayer y a la sazón el más implacable de los enemigos del socialismo, se hizo responsable de la ejecución de la primera esposa de Mao, Yang Kai- hui, hija de un antiguo profesor de Ética del líder político, con la que, sin embargo, no vivía desde 1928, año en que entabló relaciones con la que, ahora, se convertiría en su segunda esposa, Ho Tzu-chen. El tercero de los matrimonios de Mao, contraído en 1939 tras el divorcio de su anterior esposa, sería el más sonado, pues su nueva compañera era una conocida y popular actriz, mucho más joven que él, y que se hacía llamar Chiang Ching, pese a que su verdadero nombre era Lang Ping.

LA LARGA MARCHA Durante los años veinte, Mao se había revelado como un brillante estratega al postular la rebelión en las zonas rurales – para, progresivamente, ir cercando la ciudades – en contra de las tesis preconizadas en el comité central de su partido por Li Li-san. Así, tras los reveses sufridos en la guerra contra el Chang Kai-shek, organizó la Larga Marcha del Ejército Rojo en octubre de 1934. El 16 de octubre de este año unas ochenta mil persona iniciaron en Riuchin la audaz campaña, y aunque hubieron de librar duros combates en Kiangsi, Fukien y Kuangtung, treinta y cinco mil hombres alcanzaron la ciudad de Tsun-yi en enero de 1935. En octubre, los partidarios de Mao, que encabezaba ya el comité central del Partido Comunista, tomaban Shansi. Habida cuenta de la guerra que se libraba en el exterior contra los japoneses, en 1937 el Kuomintang de Chang Kai-shek hubo de firmar una tregua con los comunistas para organizar la Guerra Popular de Resistencia, pacto que duró hasta el final de la Segunda Guerra Mundial y la definitiva derrota japonesa, en 1945, pero que inmediatamente después demostró su inviabilidad, desatando la guerra civil al año siguiente.

LA REPÚBLICA POPULAR CHINA Derrotados Chang Kai-shek y su partido, los comunistas se instalaron en Pekín. Mao proclamó en 1949 la República Popular China y fue nombrado presidente del consejo de gobierno por la Asamblea Nacional del Pueblo Chino, pero el título de presidente no lo ostentaría hasta el 30 de diciembre de 1954, como consecuencia de la promulgación de la nueva constitución. Para entonces ya había firmado la decisiva alianza con la URSS en 1950 y se había convertido en el máximo inspirador de la política de su país. Por otra parte, la reforma agraria que tuvo lugar entre 1950 y 1952 en China fue consecuencia de un verdadero combate, aldea por aldea, de los campesinos pobres contra los antiguos privilegios de los señores feudales, y se adelantó a la campaña de 1955 para el desarrollo de la cooperación agrícola. Esta acción política programada desde el estado socialista provocó, no obstante, una escisión en el Partido Comunista, y aunque la línea predominante fue la de Mao – articulada en su libro Sobre el desarrollo de la cooperación agrícola – terminarían por provocar intensas contradicciones que llevarían a una aguad crisis de la revolución china en los años inmediatos. Saliendo al paso, Mao hizo público su discurso Sobre la justa resolución de las contradicciones en el seno del pueblo en 1957, en el que propone la dialéctica entre unidad y crítica, para regresar después a la unidad, como alternativa para mantener la necesaria cohesión frente a los enemigos del socialismo. Pese a todo, al año siguiente, a causa de las dificultades de llevar a cabo su proyecto político, bautizado con el nombre de “gran salto hacia adelante”, y del enfriamiento de las relaciones con la URSS, hubo de abandonar la presidencia de la República aunque retuvo el máximo poder en el seno del partido como secretario general. Desde ese privilegio puesto del mando, Mao se concentró en el control del ejército, destituyó al ministro de defensa Peng Ten-huai y lo sustituyó por su fiel Lin Piao, ganando de ese modo a las fuerzas militares como eficaces sostenedoras de su línea política.


La voz del presidente Mao: "Aunque hemos alcanzado logros extraordinariamente importantes, no hay razón alguna para ser arrogantes. La modestia hace avanzar; la arrogancia, retroceder. Debería recordar siempre esta verdad". [Discurso de 1956 en el congreso del Partido Comunista Chino]
LA REVOLUCIÓN CULTURAL Durante los años sesenta Mao destacó dentro de la política mundial como uno de los más originales líderes en el área socialista, especialmente a partir de la teorización en 1963 del “movimiento de educación socialista”, que fijaría las bases de la Revolución Cultural Proletaria. Este viejo comunista había entrevisto por aquellos años el riesgo real de restauración del capitalismo, inherente a la desmovilización ideológica de las masas, por lo que se impuso la tarea del rearme cultural mediante espectaculares medidas que incluyeron su ruptura, en septiembre de 1965, con el gobierno de Pekín y su paso, con la fracción disidente, a Shanghai, desde donde dirigió personalmente la primera fase de su plan. Dicha estrategia triunfó en agosto de 1966, fecha en que se hicieron públicos los dieciséis puntos de la “gran revolución proletaria” que habían sido impuestos de hecho gracias a la lealtad de los guardias rojos y al apoyo de las masas trabajadoras descontentas. Los objetivos principales que pretendía cubrir con este proceso eran, en primer lugar, la persecución y derrota de todos aquellos que, detentando el poder, seguían la vía capitalista; en segundo lugar, la destitución de las autoridades académicas burgueses y la abolición de su ideología; por último, la transformación de aspectos de la superestructura – lugar donde se sitúa la ideología en la teoría marxista – que habían quedado desfasados después de la implantación de la economía socialista. Aquel mismo año de 1966 se hizo público el célebre Libro rojo, recopilación de citas de Mao que sintetizan lo fundamental de su pensamiento y que se extendió entre las masas chinas con el propósito de que sirviera de instrumento para que asumieran el protagonismo de su propia revolución. El libro, traducido a numerosos idiomas, corrió de mano en mano por todo el mundo y se convirtió en un auténtico best-seller político de la década siguiente. Después del noveno congreso del Partido Comunista, celebrado en abril de 1969, el pensamiento maoísta se consolidó como eje de la Revolución China, pero veinte años después, las disidencias internas, sacadas a la luz por la descomposición generalizada de los regímenes imperantes en los países del llamado “socialismo real”, y especialmente representadas por los jóvenes estudiantes y la población descontenta de las grandes concentraciones urbanas, fueron violentamente reprimidas en la plaza de Tiananmen. Para entonces, el último de los supervivientes que fundaron el Partido Comunista, Mao Tse-tung, había fallecido en 1976. Pese al imprevisible desmoronamiento de su gran obra, aún hoy el mundo recuerda con fascinación la asombrosa energía de que hizo gala el maestro chino durante su larguísima existencia. Siendo joven, cuando caía la helada lluvia traída por el viento de Mongolia, Mao se desnudaba para recibirla con objeto de, según sus propias palabras, “domar el esqueleto”. Con el mismo rigor espartano y abnegado mantuvo un pulso con la Historia.



CUADROS POLITICOS REVOLUCIONARIOS

 Nuestro Partido debe extender sus organizaciones a todo el país, formar conscientemente a decenas de miles de cuadros y disponer de centenares de dirigentes de masas de primera calidad. Deben ser cuadros y dirigentes versados en marxismo-leninismo, perspicaces en lo político y competentes en el trabajo, imbuidos del espíritu de sacrificio, capaces de resolver independientemente los problemas, indoblegables ante las dificultades y fieles en su servicio a la nación, a la clase y al Partido. Apoyándose en ellos, el Partido se asegurará los vínculos con sus militantes y las masas, y apoyándose en la firma dirección de ellos sobre las masas, el Partido logrará vencer al enemigo. Ser ajenos al egoísmo, al heroísmo individualista y la ostentación, a la indolencia y la pasividad y al sectarismo altanero, y ser desinteresados héroes de su nación y de su clase: he aquí las cualidades y el estilo de trabajo que se exige de los militantes, cuadros y dirigentes de nuestro Partido.

Lo mas leido

Recientes